Para los "chinches" aquello era un verdadero tabú, de modo que no osaban ni siquiera preguntar quién era el Padre Mangas.
Admitían el infundio tal como venía y en cualquier lugar oscuro y quieto les parecía ver aquella sombra fatídica.
Como en ese salón, entre otros muchos cuadros y pinturas, se hallaba un óleo con el medio busto del sacerdote, más hondo era el impacto que causaba la idea de toparse en cualquier momento con el célebre presbítero.
Transcurriendo las semanas y los meses, poco a poco llegaban noticias y detalles sobre la personalidad del que había sido maestro y Rector del Colegio, casi desde sus principios en l732, cuando había pertenecido al clero, y después siendo ya un establecimiento oficial, en l828.
No obstante haber sido un sacerdote humilde y ejemplar, como sólo es posible concebir a los verdaderos religiosos, en su espíritu alentaban virtudes de gran patriota o de insigne maestro de lo que dió prueba y testimonio en todas las ocasiones de su vida, transmitiendo esos altos valores a sus alumnos.
En los años que fue rector, casi dos décadas, pasó por mil vicisitudes y contrariedades que a otro hubieran doblegado, pero no a un espíritu selecto como el suyo.
Nada menos cuando los preludios de la guerra de Independencia, y particularmente cuando llegó Iturbide y dispuso que el Colegio se convirtiera en Casa de Moneda, lo que suponía la clausura de las cátedras que allí se impartían, gracias a la honda vocación que el Padre Mangas (Don Marcelino Mangas) sentía por la enseñanza y todo lo que esta supone, en las piezas que en el entresuelo del edificio consiguió para su morada seguía impartiendo sus cátedras, con gran sacrificio, sin emolumentos y hasta con riesgo de recibir algún castigo.
Así prolongó esa situación de penuria hasta el establecimiento de la República, en l828, año en que se creó la entidad estatal guanajuatense; de ahí el nombre de Colegio del Estado.
A él se debió la reforma completa del antiguo Colegio en participación con el primer gobernante de ese régimen, Don Carlos Montes de Oca, y el cambio en un establecimiento oficial sostenido por el Gobierno y la caridad de personas altruistas en l732, como su fundadora Doña María Josefa de Busto y Moya, cuya efigie esculpida en bronce se localizaba en la entrada principal del edificio, y a Don Pedro Bautista Lascuráin de Retana, nombre que lleva la calle donde se ubica la que hoy es la Universidad de Guanajuato.
Ese recuerdo del Padre Mangas, se volvió a recordar en la ofrenda de muertos de 2002, en las escalinatas del edificio principal de la Universidad.